Memoria política arraigada contra un sistema que siempre ataca a sus comunidades.
En las últimas décadas, el mapa electoral en Perú ha delineado una división política y social que se acentúa en cada proceso en dos momentos. En este contexto, la región Cusco se ha consolidado como uno de los lugares que se ha venido afianzando cada vez más frente al fujimorismo; una tendencia histórica (que no es fortuita) y con una memoria política arraigada en la batalla contra un sistema que siempre ataca a sus comunidades. Por una razón u otra, y una y otra vez, desde hace casi dos décadas, el electorado de Cusco ha dado un rotundo ‘No’ a las aspiraciones de Keiko Fujimori en la presidencia; más recientemente, también convirtiendo esta región andina en un muro impenetrable para Fuerza Popular.
POSTURA FIRME. La firmeza de esta postura regional a través del tiempo es respaldada por los datos oficiales de la Onpe (2011, 2016, 2021). En las tres elecciones de balotaje en las que participó la lideresa del partido naranja, Cusco la rechazó de forma aplastante. Ollanta Humala ganó en el año 2011, obteniendo más del 75 % de los votos válidos en la región imperial. Pedro Pablo Kuczynski recibió una abrumadora mayoría de 65.8 % en Cusco para el año 2016. Como detalló la cobertura periodística internacional de la época (BBC Mundo, 2016), el triunfo de PPK no fue producto de un acuerdo con su estrategia técnica, sino porque el sur andino aglutinó la mayor parte del ‘antivoto’, usando las urnas como una barrera contra la vuelta del fujimorismo.
Esta brecha electoral alcanzó niveles históricos e inéditos en los comicios de la última elección presidencial. El candidato Pedro Castillo, de acuerdo con el informe final de la autoridad electoral (Onpe, 2021), logró aprovechar el malestar del sur al conseguir un aplastante 83.1 % de los votos válidos en las zonas de Cusco, en comparación con un exiguo 16.9 % que consiguió Fujimori (Ver Figura 1). Estas cifras prueban que el repudio en Cusco va más allá de las estadísticas electorales y se hace evidente en el discurso diario de sus habitantes y agrupaciones sociales, los cuales justifican su postura con la defensa de los derechos humanos y la identidad regional.
EFECTO FUJIMORI. El antifujimorismo en las calles de Cusco se argumenta rememorando el efecto del gobierno de Alberto Fujimori en las áreas rurales. Estudios como el de Ballón (2014) explican los procesos de resistencia civil que llevan a cabo la Asociación de Mujeres Afectadas de Anta. Además, en el periódico La República, Goytizolo (2017) presenta reportajes periodísticos esenciales que muestran cómo las secuelas de las esterilizaciones forzadas siguen siendo una herida abierta en las provincias altas por medio de testimonios directos en Cusco. Por lo tanto, las comunidades rurales y los sindicatos locales suelen coincidir en sus reuniones con un mensaje claro: si se vota por el fujimorismo, se está legitimando la impunidad y el abuso histórico que afectó directamente a su población.
Por su parte, varios analistas políticos están de acuerdo en que la actitud actual de Fuerza Popular explica el rechazo continuado en el sur del país. Los politólogos que investigan el fenómeno del antifujimorismo indican que la resistencia de los votantes cusqueños no se basa solamente en el legado autocrático de la década de 1990, sino también en las acciones más recientes del partido (Vergara, 2018). Se sostiene que la percepción local fue influenciada por el bloqueo sistemático de acciones del gobierno desde el Congreso, una táctica parlamentaria que los ciudadanos entendieron como una primacía de intereses de partido por encima de las demandas para el desarrollo regional (Instituto de Estudios Peruanos [Iep], 2025). Esta postura evidencia que el electorado evalúa de manera crítica tanto la memoria histórica como el desempeño político más reciente del partido naranja.
Según investigaciones del Instituto de Estudios Peruanos (Iep, 2021), el voto del sur peruano, encabezado por Cusco, ha sido un mecanismo de protesta contra el centralismo limeño y una defensa democrática frente a lo que consideran una amenaza para la institucionalidad. La tendencia de los últimos quince años queda firmemente registrada en los archivos: el Cusco mantiene su posición como baluarte histórico que impide que Keiko Fujimori y el proyecto político que la acompaña tengan acceso.
En definitiva, el rechazo de la región imperial al fujimorismo no es un suceso transitorio ni un capricho electoral. Es el reflejo de un voto consciente que antepone la memoria histórica y la descentralización. Los registros electorales de las últimas décadas demuestran una enseñanza contundente: Cusco continúa siendo un bastión inquebrantable que, con cada elección, delimita la orientación política del sur peruano.
LOS CRÍMENES QUE ALBERTO FUJIMORI NO LOGRA BORRAR. Alberto Fujimori, quien fue presidente del Perú de 1990 a 2000, es una figura controvertida en la historia política del país. Durante su mandato, su gobierno estuvo marcado por una serie de escándalos y violaciones a los derechos humanos. A continuación, se detallan algunos de los crímenes por los que fue condenado:
Caso Barrios Altos. En 1991, un grupo paramilitar conocido como el ‘Grupo Colina’, vinculado al gobierno de Fujimori, llevó a cabo una masacre en el distrito de Barrios Altos en Lima, donde 15 personas fueron asesinadas. Este caso es una de las violaciones más notorias a los derechos humanos durante su gobierno.
Caso La Cantuta. En 1992, nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta fueron secuestrados y asesinados por el mismo grupo paramilitar. Este incidente se destacó por su brutalidad y la implicación directa del estado en la desaparición forzada de personas.
Malversación de fondos. Fujimori también fue condenado por delitos de corrupción. Durante su gobierno, se desviaron fondos públicos para financiar actividades ilegales y se realizaron pagos indebidos a altos funcionarios. Estos actos de corrupción fueron ampliamente documentados y contribuyeron a su condena.
‘Faktor’ Vladimiro Montesinos. Entre los actos de corrupción, se incluyó el pago indebido a Vladimiro Montesinos, quien fue su asesor principal y jefe del Servicio de Inteligencia Nacional. Montesinos jugó un papel crucial en el mantenimiento del poder de Fujimori y en la comisión de varios delitos.
Condena y Sentencia. En 2007, Fujimori fue extraditado desde Chile a Perú. En 2009, fue condenado a 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos, incluyendo los casos de Barrios Altos y La Cantuta. Además, recibió sentencias adicionales por corrupción y malversación de fondos. En total, las sentencias suman más de 30 años de prisión.
Indulto y Situación Actual. En 2017, Fujimori recibió un indulto ‘humanitario’ por motivos de salud, lo que provocó una gran controversia y protestas en Perú. Sin embargo, en 2018, el Tribunal Supremo de Perú anuló el indulto, y Fujimori regresó a prisión. En la actualidad, sigue siendo una figura polarizadora en la política peruana, sin embargo poblaciones como la cusqueña, que aún tiene memoria y dignidad continúan en una franca batalla contra el fujimorismo y todo lo que representa, hasta hoy.



