Familia y amigos lo recordaron devoto y muy orgulloso de las tradiciones cusqueñas.
Era agosto del 2014 cuando Rudhy Benavides, conocido vecino del barrio de San Cristóbal, entraba orgulloso a la plaza tradicional luciendo una banda de mayordomo acompañado de una numerosa banda de músicos, pues había asumido la responsabilidad de organizar el cargo en honor a su santo patrón. Con 34 años y con todo el entusiasmo para asumir un compromiso que mostraba no solo su profunda devoción al santo, sino su amor a las tradiciones con las que había crecido.
Ayer también ingresó a la plaza de su barrio querido y lo acompañaba la banda de músicos, pero esta vez para un último adiós. Su féretro fue llevado al templo de San Cristóbal donde familiares y amigos acompañaban sus restos luego de haber sido víctima de un crimen que marcó un espeluznante episodio en la ciudad, Benavides no solo fue asesinado, sino que su cuerpo fue desmembrado y cocinado por partes con evidente crueldad.
DESPEDIDA. “Barrio San Cristóbal, plaza Nazarenas, avenida Pumakurko tu bien lo sabes…”, es la canción que se entonaba mientras acompañaban los últimos pasos de los restos de Rudhy, una canción con profundo significado emocional para los vecinos del tradicional barrio, una melodía que era interrumpida por los pedidos de justicia de quienes acompañaban el cortejo, una melodía cuyo compás eran los desgarradores sollozos de su madre y hermanos. “Justicia para mi hijo, me lo han arrebatado”, decía su mamá. “Justicia porque era un buen muchacho muy querido por todos”, agregaba.
Al concluir la misa sus restos fueron llevados al cementerio Almudena, mientras su familia se repone para seguir con la batalla legal que busque sancionar a los responsables del cruel acto.



