ELECCIONES 2026: ‘LOS NINIS’ DE CUSCO AL CONGRESO

‘Ni te conozco, ni me acuerdo’, parecen decir los electores sobre estos nuevos rostros.

En el último programa del do­minical: ‘Tendencia Semanal’, se abrió la vitrina menos explorada de la campaña electoral cusque­ña: la de los rostros desconoci­dos, los candidatos que apare­cen de pronto en la boleta como si hubieran salido de un casting político improvisado. Diputados y senadores que buscan repre­sentar a Cusco sin que Cusco necesariamente los reconozca. Una fábula electoral donde con­viven influencers, consultores del Estado, herederos políticos, narradores de carrerasde burro, aspirantes virales y figuras que pasan del TikTok al Congreso en cuestión de meses. Bienvenidos al zoológico político: el territorio de los NiNis, los “ni te conozco ni me acuerdo”.

EDITH HERRERA. En campa­ña, las imágenes hablaban por sí solas: abrazos cuidadosamente encuadrados, niños cargados frente a cámara, sonrisas amplias y chalecos partidarios perfec­tamente visibles. Una puesta en escena que rozaba la demagogia más cruda, donde la política pa­recía una sesión fotográfica per­manente. Edith Herrera García, bachiller en Ingeniería de Siste­mas por la Universidad Andina del Cusco y gerente de una cons­tructora proveedora del Estado, construía así una narrativa públi­ca basada en cercanía social.

Sin embargo, la historia tomó otro rumbo el 22 de febrero de 2026, cuando un incidente en la Comi­saría de Santiago terminó con su detención preliminar tras un al­tercado con efectivos policiales, hecho actualmente bajo investi­gación fiscal. El episodio derivó en el retiro de su candidatura por su propio partido. La escena polí­tica mostró entonces su contras­te más duro: la distancia entre la imagen proyectada y el compor­tamiento cuestionado fuera del encuadre. La política del disfraz social que se desmorona cuando se apagan los flashes.

HILARI VILLALOBOS. Econo­mista nacida en Livitaca, Chum­bivilcas, Hilari Rubi Villalobos Ca­sillas aparece en la lista congresal tras una trayectoria vinculada a consultorías públicas y servicios para municipalidades distrita­les. Registra trabajos para el Es­tado, incluyendo la elaboración de instrumentos de gestión por los cuales recibió pagos como el efectuado por la Municipalidad de Chincheros en diciembre de 2025.

Su propuesta estrella: duplicar el precio de la hoja de coca hasta alcanzar cifras entre S/ 400 y S/ 500. Pero su salto político tam­bién tiene un componente gene­racional llamativo: del universo TikTok —entre tendencias virales y canciones de moda— al intento de llegar al Parlamento. Una can­didatura que mezcla juventud, exposición digital y experiencia como consultora estatal, en una transición que resume bien esta campaña: del algoritmo al voto.

PAOLA VÁZQUEZ. En la política cusqueña, a veces las listas pare­cen árboles genealógicos. Paola Nilda Vázquez Zúñiga, candidata a diputada por Perú Primero, en­carna un fenómeno recurrente: el proyecto familiar convertido en proyecto político. Su entorno inmediato incluye a figuras ac­tivas dentro del mismo partido, mientras la estructura regional muestra vínculos personales que refuerzan la percepción de un clan político emergente.

Consultora del Estado, registra servicios como capacitadora en el Ministerio de Agricultura, con pagos que alcanzaron los S/ 14 000. Su irrupción electoral evi­dencia una reciente incursión política y un nivel todavía limi­tado de posicionamiento público en la región. Bajo el paraguas del liderazgo nacional de Martín Viz­carra —condenado por cohecho pasivo— la candidatura refleja una paradoja frecuente: discur­sos de renovación sostenidos por apellidos conocidos más que por trayectorias consolidadas. En provincias, el capital político si­gue heredándose más que cons­truyéndose.

MARICIELO PONCE DE LEÓN. Otra historia que confirma la nueva ruta electoral: del celular al estrado político. Marycielo Paula Ponce de León Pacheco, aboga­da graduada en 2025, irrumpe como candidata aprista tras una presencia activa en redes socia­les donde destacan videos diná­micos y una imagen juvenil cui­dadosamente construida.

Ha trabajado como asistente y secretaria en instituciones jurí­dicas y municipales, además de ocupar cargos internos dentro del Partido Aprista Peruano. Re­gistra servicios para la Procu­raduría General del Estado, con pagos superiores a S/ 9 000 por asistencia técnica especializada. Su candidatura refleja el nuevo fenómeno político: perfiles que construyen visibilidad primero en plataformas digitales y luego intentan traducir esa exposición en representación política. El es­cenario cambia; el algoritmo tam­bién vota.

CLARA RODRÍGUEZ. La ficha electoral señala un dato singular: no registra ingresos económicos declarados. Clara Estenga Ro­dríguez Carmona, candidata por Fuerza Popular, aparece en una campaña donde varios postulan­tes llegan más desde la aspiración que desde la estabilidad económi­ca.

El contraste se vuelve más evi­dente al observar figuras del mis­mo escenario político regional, donde perfiles sin trayectoria económica consolidada buscan una curul parlamentaria. La po­lítica como oportunidad, como apuesta y, para algunos, como salto social.

LUIS SOTO. Primer lugar de lista por Renovación Popular y considerado con opciones reales según tendencias electorales na­cionales, Luis Alberto Soto rompe cualquier molde tradicional del candidato congresal. Narrador de carreras de burros, animador de eventos y conocido en pro­vincias altas como “el rey del ca­chuelo”, ha construido reconoci­miento desde la oralidad popular antes que desde la academia.

Habla quechua fluidamente y cuenta con formación en locu­ción, aunque no registra estudios superiores formales. Su candida­tura evidencia una realidad incó­moda pero legítima: ciudadanos que sobreviven recurseándose día a día y que ahora buscan le­gislar el país. La pregunta no es si pueden postular —porque pue­den— sino qué tipo de represen­tación emerge cuando la política se convierte en la última apuesta económica.

caracompo

JOSÉ GUILLÉN. Rostro joven de la contienda, José Rodrigo Gui­llén Vargas ingresa a la política siguiendo la ruta familiar: es hijo de la exvicegobernadora regional Piedad Vargas, con quien com­parte actividades de campaña. Bachiller en Derecho por la Uni­versidad Andina, complementa su perfil con estudios cortos vin­culados al uso de inteligencia ar­tificial aplicada al ámbito jurídico.

Su presencia digital muestra con­trastes generacionales: desde imágenes formales hasta apari­ciones juveniles en TikTok que evidencian una estrategia orien­tada a captar votantes jóvenes. Actualmente coordina el Instituto Superior Antonio Lorena, fun­dado por su madre, consolidan­do un perfil político que mezcla herencia, juventud y posiciona­miento digital.

YILMAR GABANCHO. Presen­tado como la “joya de la corona” del partido Progresemos, Yilmar Gabancho Valenzuela constru­ye su campaña alrededor de una estética particular: anillos de oro, exhibición constante de joyas y mensajes que promueven el aho­rro a través de metales preciosos. Una narrativa basada en pros­peridad personal como símbolo político.

Sin embargo, registra anteceden­tes penales con sentencias firmes —ya cumplidas y con condición de rehabilitado— entre ellas: dos condenas por difamación agra­vada (2021), una por violencia contra la autoridad para impe­dir el ejercicio de sus funciones (2023), dos procesos vinculados a lesiones leves por violencia fa­miliar (2018 y 2021), una conde­na por conducción en estado de ebriedad (2017) bajo reserva de fallo, además de un proceso por pánico financiero con condena suspendida y otro en el que fue absuelto. Todas las penas fueron suspendidas o cumplidas, y figu­ra como rehabilitado.

En el ámbito civil y familiar tam­bién registra sentencias decla­radas fundadas: procesos con­tractuales por obligación de dar suma de dinero —incluyendo deudas superiores a S/ 30 000 con entidad financiera y pagos por merced conductiva y pena­lidades—, así como medidas de protección dictadas en su contra por violencia familiar y violencia psicológica contra integrantes de su entorno familiar, con prohibi­ciones expresas de ejercer actos de violencia física o psicológica.

Y así avanza la campaña en el Cusco: entre influencers conver­tidos en candidatos, consultores que saltan del contrato público a la curul soñada, herederos po­líticos, narradores populares y figuras virales que descubrieron que el voto también es una plata­forma.

No es ilegal postular. No es delito aspirar. La democracia permite que todos participen. Pero otra cosa distinta es preguntarse — sin insultos, sin difamar, sin exa­gerar— si esta fauna electoral representa renovación o simple­mente improvisación.

Porque mientras los partidos prometen futuro, el elector en­frenta una boleta que parece una fábula: perritos, caballitos y NiNis desfilando rumbo al Congreso.