ISMAEL SUTTA: EL GESTOR CUSQUEÑO QUE SIMBOLIZA UN NUEVO LIDERAZGO

Una carrera construida desde el mérito y la constancia.

En una tierra donde sobran los discursos, pero faltan los resul­tados, Cusco sigue dando al país profesionales que trabajan con rigor, humildad y sentido de ser­vicio. Uno de ellos es Ismael Sutta Soto, un cusqueño que ha hecho de la gestión pública su vocación y de la transparencia su bandera.

Desde sus años escolares en el Colegio La Merced, destacó por su disciplina y excelencia aca­démica. Más tarde, en la Univer­sidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, se graduó como ingeniero civil, siempre ubicado en el quinto superior de su pro­moción. Luego complementó su formación con una maestría en Ingeniería Civil con mención en Geotecnia y Vías Terrestres, y una especialización en Gestión Pública, convencido de que el de­sarrollo del país solo se logra con planificación, eficiencia y ética.

HISTORIA. Su historia no es la del político tradicional, sino la del profesional que asciende por mérito, paso a paso, demostrando que el compromiso con el Cusco se puede ejercer desde la función pública.

Muy joven asumió la Gerencia de Tránsito, Vialidad y Transportes de la Municipalidad Provincial del Cusco, cargo que marcó el inicio de su camino en la función pública. Allí, en medio del tránsi­to congestionado, las demandas ciudadanas y las presiones del día a día, aprendió que el lide­razgo no se impone, se gana es­cuchando, planificando y cum­pliendo. Fue su primera gran escuela: la de gestionar proble­mas de los ciudadanos con solu­ciones reales.

Más adelante, integró el Concejo Municipal del Cusco (2011–2014) como regidor y presidente de la Comisión de Transporte y Viali­dad y luego la Comisión de Desa­rrollo Urbano y Rural, espacios donde consolidó una visión más amplia del territorio y la necesi­dad de unir la técnica con la políti­ca, la decisión con la planificación.

Su buen desempeño local lo llevó a integrar el equipo del Ministerio de Transportes y Comunicacio­nes (MTC), donde desarrolló una carrera ascendente y reconoci­da por su rigor técnico y su ética profesional.

Ocupó los cargos de director de Políticas y Normas en Transpor­te Vial, asesor del Viceministerio de Transportes y más tarde fue designado director ejecutivo del Programa Nacional de Transpor­te Urbano Sostenible – Promovi­lidad y miembro del Consejo Di­rectivo de la Sutran.

En 2021, fue nombrado coordi­nador general del Programa Co­pesco, donde impulsó proyectos turísticos e infraestructurales en el sur andino Un año después, asumió la Gerencia General de SedaCusco S.A., liderando la modernización administrativa de la empresa, fortaleciendo sus procesos y promoviendo una gestión más eficiente del agua y saneamiento para los cusqueños. Y en junio de 2023, su trayectoria lo llevó a ser designado vicemi­nistro de Prestaciones Sociales del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social y luego paso al Viceministerio de Transportes en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Cuando lle­gó al cargo, el Aeropuerto Inter­nacional de Chinchero apenas llegaba al 10 % de avance físico, con cronogramas rezagados y problemas contractuales. Duran­te su gestión, Sutta reordenó los equipos, fortaleció la supervisión técnica y logró elevar la ejecución al 49.5 % hacia fines de octubre de 2025, consolidando una obra emblemática que por décadas es­peró el Cusco. Ese mismo periodo estuvo marcado por su participa­ción en la consolidación del Puer­to de Chancay, una pieza clave de la conectividad logística nacional con Asia.

Su paso por el MTC lo confirma como lo que es: un gestor público de resultados, más preocupado por cumplir metas que por figu­rar en titulares periodísticos.

Ismael Sutta no pertenece a la po­lítica tradicional. Su liderazgo es distinto: eficiente, íntegro, trans­parente, de pocas palabras y de mucho trabajo. Prefiere los he­chos a las promesas, los proyec­tos a los discursos, los resultados a la confrontación. Ha demostra­do que se puede servir al país con decencia y con método, sin caer en el clientelismo ni en el show político. En un escenario donde abundan los discursos vacíos, su figura representa una oportuni­dad de credibilidad y profesiona­lismo.

Su paso por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones estuvo marcado por la transpa­rencia y la firmeza. Al impulsar controles más estrictos y una gestión basada en resultados, en­frentó campañas de desprestigio sin sustento documental, quienes lo conocen reconocen en él, su honestidad, serenidad y com­promiso ético, valores que lo han acompañado desde sus inicios.

No cedió a presiones ni intere­ses; eligió mantenerse fiel a su principio más simple y poderoso: servir sin servirse del Estado. Su carrera demuestra que todavía hay funcionarios que entienden el servicio público como una res­ponsabilidad moral y no como un privilegio.