Encima Sernanp permite que Consettur opere con buses pesados y antitécnicos.
En menos de dos semanas, exactamente este 5 de setiembre, concluye el contrato de concesión de la empresa Consettur para la operación de la codiciada ruta Hiram Bingham, que traslada miles de pasajeros al día desde Machupicchu Pueblo hasta la maravilla mundial Machupicchu, sin embargo, estando a tan poco tiempo, hasta ahora se desconoce qué pasará con esta ruta y sus operarios, ya que las autoridades correspondientes hasta ahora no han llamado a un proceso de concesión como dicta la norma, colocando en un lío político, legal y hasta económico el transporte de miles de turistas hacia el santuario histórico, quienes se verían perjudicados al no tener un operario fiable y sobre todo legal de esta vía.
INDICIOS. Sobre el tema, en el programa de investigación dominical del Grupo Qosqo Times ‘Tendencia Semanal’, se entrevistó al abogado, Dario Zuñiga, exgerente general de Consettur, quien confirmó que el actual alcalde de Machupicchu Elvis Latorre, es hijo de uno de los socios de la empresa Consettur, sería por ello que hasta la fecha esta autoridad no se pronuncia respecto a la situación del culmen de la concesión en la ruta Hiram Bingham.
“Es de conocimiento público que él (Elvis Latorre) es hijo de uno de los socios de una de las empresas de Consetur (Waynapicchu)”, citó el abogado.
Esta declaración se ve refrendada a través de un documento al que tuvo acceso este medio, donde se señala textulmente como representante de la empresa Waynapicchu, con un 38.89 % de todas las acciones de Consettur, a Casio Latorre, padre del actual alcalde distrital de Machupicchu.
BUSES CONTRA LA NORMA. Al parecer en Consettur llueve sobre mojado, porque además de acabársele el contrato de concesión este 5 de setiembre, esta empresa estaría haciendo que Machupicchu este soportando buses eléctricos que pesan mucho más de lo que la norma permite, documentos oficiales que hoy salen a la luz, revelarían que el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) habría dado luz verde al ingreso y operación de estas unidades en la ruta Machupicchu Pueblo – Puente Ruinas – Machupicchu.
La norma cita que la Municipalidad Provincial de Urubamba solo puede autorizar el transporte turístico en la carretera Hiram Bingham si cuenta con la opinión técnica previa y vinculante del Sernanp. Ese documento no es un simple trámite: es la garantía de que el servicio se realice sin poner en peligro un área natural protegida que es, además, patrimonio mundial.
En informes reiterados, el propio Sernanp estableció una regla clara: ningún bus debe superar los 9 400 kilos de peso bruto vehicular (PBV) ni tener más de 33 asientos para 32 pasajeros. No es un capricho, es un límite sustentado en el Estudio de Capacidad de Carga de la Carretera Hiram Bingham, aprobado mediante Resolución Jefatural N.° 024-2016. La razón es obvia: evitar que la vía colapse, impedir daños irreversibles al entorno y proteger la seguridad de miles de visitantes que llegan a Machupicchu cada año.
Sin embargo, la advertencia parecería haberse quedado en el papel. Registros de la Sunarp demostrarían que los flamantes buses eléctricos inscritos para operar en Machupicchu pesan bastante más de lo permitido, el propio Servicio de Áreas Naturales Protegidas, ante la solicitud de reemplazo de buses, habría otorgado viabilidad a dos unidades eléctricas que superan los límites.
El caso más escandaloso sería el del vehículo con placa CNZ-675, cuya boleta informativa —fechada en febrero de 2025 y que se mostró en exclusiva en ‘Tendencia Semanal’— consigna un PBV de 15 500 kilos, es decir, 6 100 kilos por encima del máximo fijado. El propietario registrado: Plus Energía Perú SAC. Otra unidad, de placa CPA-530, muestra las mismas características. Dos buses, mismo patrón. No es un error técnico, sino un sistema que huele a permisividad calculada.
¿Qué podría implicar este exceso de peso en una vía tan frágil como la carretera Hiram Bingham y en un santuario tan delicado como Machupicchu? Acelerar el desgaste de la vía, ya de por sí vulnerable y con capacidad limitada.
Incrementar vibraciones y erosión, afectando flora y fauna únicas del área. Debilitar la posición frente a la Unesco, que exige compromiso real en la conservación de un patrimonio mundial como Machupicchu.



