Caravanas, banderolas, candidatos saludando, gente bailando desde campañas anteriores…
Cada cuatro años ocurre el mismo fenómeno. Como si se tratara de una alineación planetaria o una fiesta patronal adelantada, aparecen nuevamente los ‘salvadores’ de Cusco. Unos regresan después de haber desaparecido durante años. Otros cambian de camiseta política con la facilidad de quien cambia de equipo cuando pierde la final. Y algunos llegan por primera vez convencidos de que gobernar una región es apenas un poco más complicado que administrar un grupo de WhatsApp.
EL MISMO ‘JUEGO’. En juego están el Gobierno Regional Cusco, 13 alcaldías provinciales y 112 alcaldías distritales. Más de un centenar de cargos públicos y decenas de candidatos que prometen cambiar Cusco. Aunque varios de ellos todavía no logran explicar qué pasó cuando tuvieron la oportunidad anterior.
La inscripción de listas vencía el 16 de junio o al menos eso creían todos, porque el Jurado Nacional de Elecciones decidió ampliar el plazo hasta el 19 de junio, una noticia que algunos recibieron como alivio y otros como milagro.
Mientras algunos partidos llegaron preparados, otros parecían estudiantes universitarios terminando la tesis cinco minutos antes de la sustentación, hubo llamadas de emergencia, correcciones de último minuto y más nervios que en examen de admisión y al final la inscripción de candidatos dejó una pregunta existencial. ¿Por qué alguien necesita una portátil con bombos, platillos y banda sonora para entregar papeles? Algunos aspirantes llegaron acompañados por decenas de simpatizantes, otros trajeron más músicos que propuestas y hubo quienes transformaron una simple inscripción en un desfile de carnaval, porque en política moderna, parecer popular es casi tan importante como serlo y si la encuesta no ayuda, siempre queda la portátil.
GUERRA SUCIA. Aunque todavía faltan varios meses para las elecciones, los ataques entre organizaciones ya comenzaron. Los aliados de ayer descubrieron repentinamente defectos imperdonables en sus antiguos amigos, y quienes compartían fotografías abrazados ahora intercambian acusaciones por redes sociales.
Detrás de cada candidato existe una figura casi mítica. El asesor, ese personaje capaz de convencer a una persona de que puede gobernar una región con una buena campaña de TikTok y los estrategas políticos ya empezaron a trabajar, diseñan discursos, corrigen gestos, escogen colores, y en algunos casos intentan explicar por qué un candidato cambió tres veces de partido en los últimos años.



