La comunidad Catungo Quimpiri los acogió y ahora se aprovechan.
El incremento del cultivo de hoja de coca en Perú es considerable en los últimos años. Además, esta actividad ha generado problemas sociales en desmedro de las comunidades amazónicas en la zona del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), las mismas que han sido desplazadas por los colonos. Esta realidad ha sido denunciada por los comuneros de Catungo Quimpiri, del distrito cusqueño de Pichari, en la provincia de La Convención.
ALERTA. La comunidad asháninka Catungo Quimpiri está inscrita en el distrito de Pichari, donde se encuentra la mayor parte del territorio indígena. La otra parte, está en territorio de Junín. Catungo Quimpiri fue reconocida el año 1998 y titulada en 1999, en esa misma época, llegaron 10 familias desde la sierra, quienes huían del terrorismo y con el permiso de los asháninkas, se establecieron en el lugar. Sin embargo, esta colonia de inmigrantes, ahora son más de 300 y se dedican al cultivo de la hoja de coca que venden al narcotráfico.
“Unión Quimpiri (colonos) ha crecido tanto que ya escapa de las manos de la comunidad. Y es la municipalidad de Pichari la que alienta que sigan llegando más colonos, porque les pone carretera y servicios. (…) Los colonos son ilegales, además de dedicarse al cultivo de hoja de coca”, explicó, Irupe Cañari, la abogada del Centro Asháninka Río Ene (Care), organización a la que pertenece Catungo Quimpiri.
De los 24 pueblos indígenas afectados por el crecimiento explosivo del cultivo de hoja de coca, los más afectados son los asháninkas, especialmente las comunidades emplazadas en las regiones de Cusco y Junín. Entre 2018 y 2022, los cocales ilegales aumentaron en un 124 %, sobre todo en el Vraem.



